El Valle Encantado - Cuentos Infantiles Creados por Humanos
Ilustración de El dragón Pedrito.
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El dragón Pedrito.

Escrito por Carmen Coin 25/11/2025 Original
Había una vez, a los pies de una montaña altísima, una aldea llena de dragones de todos los colores. Y allí vivía un dragón muy pequeñito llamado Pedrito.

Pedrito no era como los dragones mayores:
no sabía escupir fuego,
sus alas eran tan chiquitinas que apenas se movían,
y su rugido sonaba igualito a un estornudo.

—¡Achú! —decía él.
—¡Ay, qué mono! —decían los demás.

Pero Pedrito tenía un gran sueño: quería subir la Gran Montaña Carmona. Era tan alta, tan alta, tan alta, que ni los dragones adultos podían llegar volando.

Cada vez que la miraba, su corazón hacía bum, bum… bum bum bum.
“Algún día subiré hasta arriba”, pensaba.

La primera vez que lo intentó, Pedrito dio tres pasos…
Y cuatro…
Y en el quinto… ¡rodó montaña abajo como una bolita verde!

Los otros dragones se reían:

—¡Mira a Pedrito! ¡Si parece una canica con alas! ¡Nunca llegará a la cima!

Pedrito se puso triste, pero no se rindió. Lo intentó otra vez… y otra… y muchas más. Pero siempre caía. Unas veces por cansancio, otras porque le temblaban las patas… y otras porque sus alas se liaban solas.

Cada mañana, antes de que saliera el sol, Pedrito corría por el valle para ponerse fuerte. Movía sus alas arriba y abajo para que crecieran. Intentaba rugir, aunque solo le saliera un:

—¡Aaaachúuuu!

A veces le dolía todo. A veces quería dejarlo. Pero Pedrito respiraba hondo y murmuraba:

—No pasa nada. La montaña me está esperando.

Y, pasito a pasito, su cuerpo se volvió más fuerte. Sus alas crecieron. Su rugido empezó a sonar un poquito más serio. Ya nadie se reía; ahora lo miraban con ojos brillantes.

Un día, por fin, Pedrito decidió intentarlo de nuevo. Miró la montaña, tragó saliva y pensó:

—Ahora sí.

Subió entre piedras, nieve y viento. Subió cuando estaba cansado y cuando le dolían las alas. Subió cuando pensó que no podía más… pero siguió.

Y después de mucho, muuucho tiempo…

¡Pedrito llegó a la cima!

Allí arriba abrió sus alas, respiró hondo…
y lanzó su primer rugido de verdad
(Que, la verdad, tenía todavía un poquito de “achú”, pero nadie se dio cuenta).

El rugido se escuchó hasta la aldea. Todos los dragones levantaron la cabeza, sorprendidos.

—¿Quién se ríe ahora de Pedrito? —dijo un dragón anciano—. ¡Ese pequeñín ha demostrado que puede conseguir lo que quiera!

Pedrito sonrió. Sabía que había llegado hasta allí por su esfuerzo, su valentía y su pequeño corazón cabezón que nunca se dio por vencido.

Y desde aquel día, cuando algún dragón dudaba de sí mismo, siempre recordaban la historia del dragón que quiso subir la Gran Montaña Carmona… y lo consiguió.

Porque Pedrito les enseñó que los sueños grandes empiezan con pequeños pasos y se consiguen sin rendirse.

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