El Valle Encantado - Cuentos Infantiles Creados por Humanos
Ilustración de Los cinco monstruos
Volver a todos los cuentos

Los cinco monstruos

Escrito por Carmen Coin 30/08/2025 Original
En un pueblo escondido entre montañas de niebla vivían criaturas que no existían en ningún otro lugar del mundo. A nadie le importaba ser raro: unos tenían colmillos largos, otros alas diminutas, y había incluso quien caminaba sobre tres patas. Era un lugar donde ser distinto no era motivo de burla, sino de orgullo.

Pero una noche ocurrió algo extraño. El campanario del pueblo, que siempre brillaba con una piedra mágica en lo alto, amaneció vacío. La piedra que iluminaba las calles y protegía las casas había desaparecido.

Los habitantes se reunieron en la plaza, murmurando con preocupación. Entonces, cinco jóvenes monstruos dieron un paso al frente. Eran amigos inseparables, aunque muy distintos entre sí. Zira tenía mil ojos y podía ver en la oscuridad más profunda. Grom, con la piel de piedra, era fuerte como una montaña. Ael podía soplar con tanta fuerza que movía puertas cerradas. Nix creaba llamas azules que iluminaban sin quemar. Milo tenía una voz capaz de calmar cualquier miedo.

Los cinco se miraron con determinación. Si trabajaban juntos, encontrarían la piedra.

Siguieron huellas que solo Zira podía ver. El rastro los condujo al Bosque Torcido, un lugar donde los árboles parecían vigilarlos con ramas como brazos. Allí encontraron puertas selladas con raíces, pero Ael sopló con fuerza y pudieron avanzar. En el centro del bosque hallaron la piedra mágica dentro de una jaula de ramas. Al tocarla, las raíces se cerraron aún más, atrapándolos.

Grom golpeó con toda su fuerza, pero las ramas no cedían. Nil se desesperaba, pero Milo comenzó a cantar, y poco a poco los corazones de todos se tranquilizaron. Nix encendió su fuego azul y descubrió en el suelo un grabado que decía: “El tesoro no es para uno solo, sino para quienes saben unirse”.

Entonces comprendieron la clave. Zira guió con su visión, Grom empujó con su fuerza, Ael sopló hasta abrir huecos, Nix iluminó el camino, y Milo mantuvo viva la calma. Solo combinando sus habilidades pudieron liberar la piedra.

Cuando regresaron al pueblo, la piedra brillaba más que nunca. Los monstruos los recibieron con abrazos y vítores. La alcaldesa, una bruja de sombrero torcido, dijo con orgullo:

—No sois solo distintos. Sois los cinco monstruos que nos han salvado.

Desde entonces, cuando alguien en el pueblo tenía un problema, sabía que podía contar con ellos. Porque juntos habían aprendido la mayor lección de todas: nadie es demasiado raro si encuentra a quienes valoran sus dones.

Más Cuentos Para Ti