Arte Humano
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Mary Shelley y la noche en que nació un monstruo
Había una vez, en Londres, una niña llamada Mary.
Mientras otras niñas jugaban con muñecas, ella prefería abrir libros enormes y perderse en sus páginas. Pasaba horas mirando por la ventana, preguntándose cómo sería hablar con las estrellas o escuchar los secretos del viento.
Mary no era una niña cualquiera. Su madre había escrito libros donde decía que las mujeres podían ser libres, sabias y valientes, y su padre hablaba con ella de filosofía, de justicia y de imaginación. Así, Mary creció en un mundo donde las palabras eran más poderosas que cualquier juguete.
Al hacerse mayor, Mary viajó por montañas y lagos de Suiza junto a su gran amor, un joven poeta llamado Percy.
Un verano, fueron invitados a una casa junto a un lago, rodeados de montañas nevadas. La casa era preciosa, pero afuera el cielo se llenaba de tormentas. La lluvia golpeaba los cristales y los truenos hacían retumbar las paredes.
Dentro, un grupo de amigos poetas y escritores charlaban junto al fuego. Uno de ellos propuso un reto:
—Esta noche inventemos historias de miedo. Veamos quién puede asustar más a los demás.
Mary se quedó en silencio. No quería contar cualquier historia: quería contar una que hablara del alma humana. Esa noche, mientras intentaba dormir, tuvo un sueño extraño y poderoso.
Soñó con un científico brillante que quería vencer a la muerte.
Soñó con relámpagos cayendo sobre una mesa de laboratorio.
Y soñó con un ser que abría los ojos por primera vez: era fuerte, era diferente… y todos huían de él.
Ese ser no era malo, pero su aspecto hacía que los demás lo rechazaran.
Él solo quería lo mismo que cualquier persona: que lo miraran con cariño, que lo aceptaran, que alguien le tendiera la mano.
Mary despertó con el corazón acelerado.
Sabía que había encontrado su historia.
Al día siguiente, comenzó a escribir. No tenía más de 18 años, pero con su pluma creó una de las novelas más famosas del mundo: Frankenstein.
Aunque mucha gente piensa que trata de un monstruo, en realidad habla de algo mucho más profundo:
de la soledad, de la necesidad de ser queridos, y de la importancia de pensar en las consecuencias de nuestros actos.
La lección de Mary
Mary, aquella niña que soñaba con estrellas, nos enseñó que la imaginación puede dar vida a mundos enteros.
Que las personas diferentes no son monstruos. Y que, incluso en las noches más oscuras, si tienes valor, empatía y un lápiz en la mano, puedes crear una historia capaz de brillar para siempre.
Mientras otras niñas jugaban con muñecas, ella prefería abrir libros enormes y perderse en sus páginas. Pasaba horas mirando por la ventana, preguntándose cómo sería hablar con las estrellas o escuchar los secretos del viento.
Mary no era una niña cualquiera. Su madre había escrito libros donde decía que las mujeres podían ser libres, sabias y valientes, y su padre hablaba con ella de filosofía, de justicia y de imaginación. Así, Mary creció en un mundo donde las palabras eran más poderosas que cualquier juguete.
Al hacerse mayor, Mary viajó por montañas y lagos de Suiza junto a su gran amor, un joven poeta llamado Percy.
Un verano, fueron invitados a una casa junto a un lago, rodeados de montañas nevadas. La casa era preciosa, pero afuera el cielo se llenaba de tormentas. La lluvia golpeaba los cristales y los truenos hacían retumbar las paredes.
Dentro, un grupo de amigos poetas y escritores charlaban junto al fuego. Uno de ellos propuso un reto:
—Esta noche inventemos historias de miedo. Veamos quién puede asustar más a los demás.
Mary se quedó en silencio. No quería contar cualquier historia: quería contar una que hablara del alma humana. Esa noche, mientras intentaba dormir, tuvo un sueño extraño y poderoso.
Soñó con un científico brillante que quería vencer a la muerte.
Soñó con relámpagos cayendo sobre una mesa de laboratorio.
Y soñó con un ser que abría los ojos por primera vez: era fuerte, era diferente… y todos huían de él.
Ese ser no era malo, pero su aspecto hacía que los demás lo rechazaran.
Él solo quería lo mismo que cualquier persona: que lo miraran con cariño, que lo aceptaran, que alguien le tendiera la mano.
Mary despertó con el corazón acelerado.
Sabía que había encontrado su historia.
Al día siguiente, comenzó a escribir. No tenía más de 18 años, pero con su pluma creó una de las novelas más famosas del mundo: Frankenstein.
Aunque mucha gente piensa que trata de un monstruo, en realidad habla de algo mucho más profundo:
de la soledad, de la necesidad de ser queridos, y de la importancia de pensar en las consecuencias de nuestros actos.
La lección de Mary
Mary, aquella niña que soñaba con estrellas, nos enseñó que la imaginación puede dar vida a mundos enteros.
Que las personas diferentes no son monstruos. Y que, incluso en las noches más oscuras, si tienes valor, empatía y un lápiz en la mano, puedes crear una historia capaz de brillar para siempre.